Nadie lee la letra pequeña

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Sobre privacidad en la red

En abril de 2010, el diario El Mundo se hacia eco de una noticia acontecida en el Reino Unido que volvía a poner de manifiesto una realidad: nadie lee la letra pequeña de los contratos de privacidad en internet. La empresa de videojuegos Gamestation consiguió 7500 clientes a pesar de las condiciones que se expresaban en su contrato de compra que venían a decir lo siguiente:

“Al enviar una orden de compra por la web el primer día del cuarto mes del año 2010, Anno Domini, estás de acuerdo en concedernos la opción no transferible de reclamar, por ahora y para siempre, tu alma inmortal. Si deseamos ejercer esta opción, permitirás rendir tu alma inmortal y cualquier reclamación que puedas tener sobre ella en un plazo de cinco días laborales tras recibir la notificación escrita de Gamestation o uno de sus secuaces debidamente autorizados”.

Por fortuna, se trataba de una broma en el día de los inocentes británico (April Fool’s Day) pero vista la realidad, bien podría haber sido cierto.

El tema de la privacidad en la red es un tema espinoso que sigue estando de actualidad. Leer el largo listado de condiciones a la hora de registrarse en Facebook produce pereza, cierto. Pasa lo mismo con otras redes sociales, webs de comercio electrónico (e-commerce) o chats. A menudo, estos términos de privacidad son auténticas sábanas de texto que ignoramos y pasamos por alto, olvidando que son un contrato que nos vincula a la empresa de forma voluntaria.

La información personal en internet es un bien que hay que gestionar con prudencia, cuidado, responsabilidad, sensatez y criterio. Tengamos en cuenta que una total despreocupación al respecto puede conducir a errores graves e irreparables. Con el uso de las redes sociales, y casi sin darnos cuenta, creamos una identidad al mismo tiempo que dejamos una huella que es casi imposible borrar. Esta huella y esta identidad se construyen a través de nuestros mensajes, comentarios en los blogs, fotografías, opiniones etc…es nuestro rastro digital.

Es importante dimensionar la funcionalidad de las redes sociales, nadie pide alejarse de ellas. Se trata de sacar provecho de una herramienta multidisciplinar, una herramienta de consulta y de información, nunca un modo de vida. Es preciso ser cuidadoso y saber en todo momento que es lo que se quiere compartir. Toda aquella información que dañe a terceros, que contenga material ética o moralmente inaceptable o comentarios desafortunados dibujará un perfil de nosotros que en muchos casos perjudicará nuestra carrera profesional o nuestra marca corporativa.

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Además del cuidado que podamos tener cuando navegamos en Internet, hay cosas que escapan a nuestro control, como por ejemplo el uso que “terceros” pueden hacer de nuestros datos. Por ejemplo cada vez navegamos y utilizamos más webs y aunque no esté permitido, es evidente que hay webs que realizan intercambios de bases de datos. Me estoy refiriendo por ejemplo a cosas como cuando nos llegan mailings spam de empresas y webs en las que nunca nos hemos registrado.

Es cierto que normalmente no leemos los contratos de privacidad, simplemente aceptamos y listo. Si lo hacemos es porque en el fondo y conscientemente asumimos que el contrato ofrece un servicio a cambio de vender unos datos personales. Deberiamos hacerlo, sí. Y ser conscientes de que nuestros datos personales son oro, el activo mas preciado de las redes sociales. Quizás es el precio a pagar. No nos extrañemos entonces con la invasión de publicidad y spams que llegan o por la utilización de fotos colgadas. Al final resulta que nada es gratuito, una especie de contrato donde yo recibo un servicio a cambio de vender mis datos. Por ejemplo, la política de protección de datos (términos legales, cláusulas y palabras técnicas) de Twitter especifica que nuestros datos pueden ser fusionados, vendidos o transferidos e incluso así los usuarios siguen creciendo.

Es cierto que deberíamos diferenciar quizás los perfiles profesionales de los perfiles personales en las redes sociales. Los primeros son útiles y importantes en nuestra proyección empresarial y el rastro que dejan puede no tener tantas desventajas como una foto o un comentario desafortunado colgado en Facebook. Además proyectar nuestro perfil empresarial o académico en la web nos sirve para múltiples ventajas a la hora de encontrar trabajo o darnos a conocer.

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